La trilogía de Chaikovski, un anzuelo infalible para el ballet

junio 28, 2017

Con El lago de los cisnes, desde mañana, comienza una saga de grandes éxitos que permiten el lucimiento del Ballet Estable

El cuerpo de baile tiene un especial lucimiento en este acto blanco
El cuerpo de baile tiene un especial lucimiento en este acto blanco. Foto: LA NACION / Teatro Colón
 
Puede parecer algo muy habitual para una compañía como el ABT de Nueva York, que sólo en el ciclo de primavera que está finalizando con Tchaikovsky Spectacular, presentó ocho títulos. O para el Royal londinense, que alcanza la friolera de 150 funciones anuales. Pero para nuestro Teatro Colón, no. Más bien es todo una curiosidad que el Ballet Estable tenga programadas en una misma temporada las tres grandes obras de ballet del compositor ruso del romanticismo. Una saga que comienza mañana con El lago de los cisnes, continuará en septiembre con La bella durmiente del bosque y cerrará con una tradición de Navidad, El cascanueces, en la versión coreográfica de Nureyev, que felizmente se recupera este año. La anécdota tiene su historia oficial, menos casual de lo que a priori parecía una coincidencia hecha y derecha. Y, sin dudas, aparecen fabulosas posibilidades de capitalizar la experiencia.

Nadie le sacó punta a la idea de “los 3 Chaikovski” en el departamento de marketing del teatro; tampoco un community manager salió al ruedo en las redes sociales para pregonar la combinación hitera y vender más abonos. En verdad, el que encendió la chispa fue el responsable artístico de la sala. Durante una reunión de equipo directivo, cuando entre herencias y novedades ajustaban los títulos para la temporada 2017, Arturo Diemecke levantó la mano con su voto musical. Cuenta Paloma Herrera, a cargo del Estable: “Buscábamos una obra para reemplazar La fierecilla domada [que había anunciado la gestión anterior para este invierno] y Arturo se entusiasmó con que fuera Lago para así tener la trilogía Chaikovski.

La verdad es que este ballet, que es superdifícil para todos los bailarines, permite mostrar a la compañía completa, desde el cuerpo de baile a los principales, a la vez que significa un éxito asegurado, porque sabemos que vende. Es una ideología para mí rescatar del repertorio las obras de calidad que tenemos, en este caso, la coreografía que Mario Galizzi donó al Colón, lo que nos permite además compensar lo artístico y lo económico, porque tampoco se puede gastar todo el tiempo una fortuna con tal de tener algo nuevo o excéntrico”, evalúa Herrera todas las variables del caso. Como reciente ex bailarina, y a la luz de sus 25 años de experiencia en el American Ballet, a ella le resulta “lo más natural” hacer estos tres grandes títulos en pocos meses, pero reconoce que en este escenario llame la atención. Y de cara al elenco que dirige, enfatiza: “Estos clásicos te hacen mejor bailarín. Son obras tradicionales, que fueron compuestas musicalmente para bailarse y no importa cuántas veces las hagas: cada vez, al escuchar la música, vas sacándole una nueva capa, alcanzando otros niveles.”

Dicen que no hay en la historia partituras más queridas para los bailarines que las salidas del genio de Chaikovski -Tema y variaciones, Tchaikovsky pas de deux u Onieguin, además de las que aquí nos ocupan. Era 1875 cuando compuso El lago de los cisnes, su primer ballet, que se estrenó dos años más tarde en el Bolshoi de Moscú, aunque no fue aceptado hasta finales del siglo XIX cuando Petipa creó la coreografía que la convertiría en la obra más emblemática de la danza clásica. Deberíamos, entonces, referirnos a la trilogía Chaikovski-Petipa, porque luego, en 1888, el compositor creó La Bella durmiente… basándose en el célebre cuento de Charles Perrault, que se vio por primera vez en el Teatro Mariinsky de San Petersburgo, en enero de 1890. Un año antes de morir, Chaikovski compuso una partitura para el cuento de navideño de Clarita y el muñeco cascanueces. De modo que hasta el orden en que fueron concebidas respeta, ahora sí por absoluto arte del azar, la temporada actual del Teatro Colón.

Lo que todos quieren bailar

Aunque los roles principales son los que más expectativa y repercusiones generan, en piezas del repertorio como éstas el cuerpo de baile -el conjunto- tiene una responsabilidad esencial en sostener la magia de las historias que se cuentan, muy conocidas por la mayoría de los espectadores. “Es el que da marco a los protagonistas -señala Paula Cassano, en las filas del elenco del Colón desde 2004-. Cada uno de nosotros en su papel debe mantener el espíritu de la obra seguro y ése es el desafío más grande para todos”. Elegante, expresiva, altísima, son varias las razones para no perder de vista a la marplatense, de 31 años, en escena. Sobre la trilogía, Cassano observa además: “La música de El lago…, La bella durmiente y El Cascanueces ha traspasado al ballet; se escucha en películas y en dibujos animados. Podría asegurar que cualquier persona escuchó algún pasaje de Chaikovski sin saberlo, quizás”. Y alumbra un detalle que completa la idea que había abierto Herrera: “Es realmente «fácil» bailar las obras de Chaikovski; la música te dice qué hacer, cómo moverte, qué sentir; está todo ahí, en esas partituras.”

El lago de los cisnes

en versión de Mario Galizzi

Ballet Estable del Teatro Colón, con dirección de Paloma Herrera.

Funciones. Mañana y el 2 de julio, a las 17; 27 y 28 de junio, y 1° de julio, a las 20.